Hoy, más de 35 millones de personas en el mundo padece de Alzheimer, enfermedad que afecta a los adultos mayores y ataca áreas del cerebro que controlan la memoria, las emociones y el lenguaje. Según la Organización Mundial de la Salud, está implicando un costo mayor a los US$ 600 mil millones sólo en EEUU y, en Chile, registra un costo anual por paciente de US$13.900, mayor que un cáncer o mal cardiovascular, dice la vicepresidenta de la Corporación Profesional de Alzheimer y Otras Demencias (Coprad), Andrea Slachevsky. Un dato no menor considerando que, a 2050, se triplicará a 115 millones las personas afectadas por este mal.

La dificultad de la enfermedad, debido a que su origen es por múltiples motivos (metabólico, calidad de vida o factores desconocidos, entre otros) ha imposibilitado conseguir su cura. Sólo existen drogas para mejorar la calidad de vida y retardar un poco su progreso. De ahí que se ha transformado en un reto obtener una cura o tratamiento eficaz para este mal que está dentro de las cinco causas de muerte del mundo. 
En Chile, son las universidades las que lideran los estudios, con la búsqueda de nuevas drogas o suplementos para prevenir la enfermedad. Sin embargo, la falta de recursos privados ha entrampado un mayor desarrollo. Especialistas explican que gran parte de los estudios se financian con fondos públicos: Conicyt, Corfo y la Iniciativa Científica Milenio (ICM).

Silvana Zanlungo y Alejandra Álvarez, investigadoras de la Universidad Católica, lideran un proyecto para buscar compuestos que bloqueen la señal en el cerebro que induce al daño y muerte de las neuronas y que, además, pasen la barrera hematoencefálica del cerebro. Estiman que llegarían a un mercado que mueve mínimo $9 mil millones en Latinoamérica. En estudio animal, ha demostrado que con su uso no pierde su capacidad de aprendizaje ni movilidad. Han recibido apoyo de Andrómaco y Herbolaria Mapuche, pero si no hubiera sido por aportes público o internacionales, no podrían seguir adelante.

Lo mismo le sucede al investigador de la Universidad de Concepción, Jorge Fuentealba, que no ha podido dar con inversionistas para crear un nutracéutico a partir de maqui. 
“Para nosotros ha sido dificil atraer capital privado nacional”, dice Claudio Hetz, co director del Instituto Milenio de Neurociencia Biomédica, que ha recibido recursos por cuatro años de la Asociación de Alzheimer en EEUU y de ICM.

Iniciativas privadas prácticamente no existen y ningún proyecto de Start-Up Chile, por ejemplo, está enfocado en esta enfermedad. En Corfo, las iniciativas apoyadas son de universidades. Por ello, Bernardita Araya, senior associate de Aurus, indica que es relevante que los centros de investigación “se armen de equipos de propiedad intelectual y transferencia potentes para acompañar el proceso de codesarrollo, transferencia, licenciamientos o ventas de tecnologías”, agregando que la investigación biomédica es altamente intensiva en capital, “se requiere de equipamiento especializado, capital humano avanzado, y, además, el desarrollo de pruebas preclínicas y clínicas”, señala.

Impacto negativo de la ley

En 2012 se promulgó la nueva Ley de Derechos y Deberes del Ministerio de Salud, que prohibió las investigaciones en pacientes con problemas mentales, a menos que hayan dado su autorización cuando estaban sanos. Los especialistas comentan que varios estudios tuvieron que cerrar o han tenido que hacer alianzas con entidades extranjeras para que provean de pacientes, lo que encarece los estudios en hasta 10 veces, explica Nibaldo Inestrosa, director del Centro de Envejecimiento y Regeneración de la Universidad Católica. Zanlungo acota que “en EEUU hay una fuerte regulación, pero no se prohíbe. Eso no existe en ningún país del mundo, menos donde se vea a la ciencia como importante para el desarrollo”. Slachevsky indica que con esto se está desincentivando la investigación.

 

Neuroinnovation: productos

Neuroinnovation es spin off del Centro Internacional de Biomedicina ICC. Dirigido por el investigador Ricardo Maccioni, investiga y transfiere tecnologías de neurociencia al mercado. A la fecha, han invertido US$3,5 millones en investigación y cuenta con cuatro desarrollos. Buscan un acuerdo con una firma farmaceútica para comercializar un nutracéutico que previene el avance del Alzheimer. Está patentando en EEUU, Chile y Australia. Hace dos años, junto con Adexus, crearon un software de estimulación cognitiva y trabajan en un kit de diagnóstico no invasivo en base a muestra de sangre.

BNI: Fondos para tratamiento

Claudio Hetz, co director del Instituto Milenio de Neurociencia Biomédica, ligado a la U. de Chile, está buscando un tratamiento para curar la enfermedad, gracias al descubrimiento de un factor que regula la expresión génica de estos pacientes. Trabaja en asociación con las firma de EEUU, Genzyme Corporation y recibió fondos para dos años más de investigación de la Asociación de Alzheimer, de EEUU “Nos valida como un laboratorio muy bien posicionado en América Latina”, dice. Ya tiene una patente en EE.UU. y dos en preparación y buscarán licenciar a firmas farmacéuticas.

UC: primer spin off

El director del Centro de Envejecimiento y Regeneración Chile UC (CARE) y Premio Nacional de Ciencias Naturales Aplicada, Nibaldo Inestrosa, explica que están trabajando en la creación del primer spin off de la casa de estudios para llevar a mercado productos entorno al Alzheimer. Está trabajando en uno a partir de tres compuestos naturales (de una planta extraida de la India, del maqui y el tercero se mantiene en secreto) que ayudaría a prevenir el avance del Alzheimer al evitar la muerte y desconexión neuronal. Prevén hacer el estudio clínico en EEUU o en Oriente.

 

Fuente: http://www.df.cl/regulacion-y-falta-de-fondos-privados-frenan-mayor-desarrollo-en-alzheimer/prontus_df/2014-03-28/194230.html

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