Un equipo de investigadores de la Universidad de California-San Diego, en EEUU, ha descubierto un truco de la naturaleza que, en la mayoría de las personas, mantiene la separación fundamental entre una proteína y una enzima que, al combinarse, desencadenan la degeneración progresiva y muerte de las células característica de la enfermedad de Alzheimer, tal y como informa un artículo publicado hace unos días en la revista Neuron.

Aunque se podría pensar que los cerebros de las personas que desarrollan esta dolencia poseen componentes básicos de la enfermedad ausentes en cerebros sanos, esto no es cierto.
Y es que cada persona contiene los ingredientes necesarios para despertar el Alzheimer, pero mientras que entre 500.000 y 800.000 españoles sufren esta patología, la gran mayoría de los ciudadanos no lo hace. «Es como la separación física de la pólvora y su combinación, de manera que se evita una explosión inevitable», afirmó el investigador principal Subhojit Roy, profesor asociado en el Departamento de Patología y Neurociencias de la Universidad de California y biólogo celular y neuropatólogo en el Centro de Investigación de Enfermedades Shiley-Marcos de Alzheimer. «Saber cómo se separan la pólvora y el fósforo puede darnos nuevas ideas sobre posible detener la enfermedad», agregó.
La gravedad de esta enfermedad se mide en la pérdida de funcionamiento de las neuronas. En términos patológicos, hay dos signos reveladores de la dolencia: grupos de placas de una proteína llamada beta-amiloide donde se acumulan las neuronas y las fibras externas o nudos de otra con el nombre de tau, que se encuentra dentro de las neuronas. La mayoría de los expertos creen el Alzheimer está causado por los conjuntos de acumulación de beta-amiloide provocando una secuencia de eventos que conduce a la alteración de la función celular y la muerte y que esta llamada hipótesis de la cascada amiloide pone la proteína beta-amiloide en el centro de la patología.
UN MAL DE TODOS.  La creación de ésta requiere la convergencia de una sustancia llamada precursora de amiloide (APP) y una enzima que se escinde de APP en fragmentos más pequeños tóxicos llamados beta-secretasa o BACE. «Las dos son altamente expresadas en el cerebro», destacó Roy, «y si se les permite combinarse de forma continua, todos tendríamos Alzheimer», añadió.
Pero eso no sucede. Usando las neuronas del hipocampo en cultivo y tejido de cerebros humanos y de ratón, Roy junto con el primer autor Utpal Das, becario postdoctoral en su laboratorio y sus colegas, descubrieron que las células sanas del cerebro, en gran medida, segregan APP y BACE-1 en compartimentos diferenciados en cuanto se fabrican, asegurando que ambas proteínas no tengan mucho contacto entre sí.
«La naturaleza parece haber dado con un truco interesante para separar a los co-conspiradores», afirmó Roy. Los científicos también encontraron que las condiciones que promuevan una mayor producción de la sustancia beta-amiloide impulsan la convergencia de APP y BACE.
En concreto, un aumento en la actividad eléctrica neuronal, conocido por aumentar la producción de beta-amiloide, también condujo a un aumento en la convergencia APP-BACE.
Los exámenes postmortem de pacientes con Alzheimer revelaron un incremento de la proximidad física de las proteínas, añadiendo apoyo a la importancia fisiopatológica de este fenómeno en las enfermedades humanas.
Das destacó que los hallazgos tienen una importancia fundamental, ya que aclaran algunos de los primeros eventos moleculares que desencadenan esta enfermedad y muestran cómo un cerebro sano, los evita de forma natural. En términos clínicos, las conclusiones apuntan a una posible nueva vía para en última instancia tratar o incluso prevenir el mencionado mal.
«Un aspecto interesante es que tal vez podamos seleccionar moléculas que pueden mantener físicamente APP y BACE-1 separadas», destacó Das, quien reconoció que se trata de un «enfoque poco convencional».